Publicado: martes, 24 de agosto de 2010 - 16:42 hrs.
Hace unos días se llevó a efecto en Punta Arenas una jornada de Derecho Penitenciario, organizada conjuntamente por el Tribunal Oral en lo Penal de Punta Arenas, la Comisión Bicentenario del Poder Judicial y la Defensoría Penal Pública, que tuvo como expositores a jueces y defensores.
La actividad, contó con un gran marco de público y cada una de las ponencias generó un enriquecedor debate entre los asistentes, pues los representantes de las instituciones que trabajan con las personas que cumplen penas en reclusión, quisieron dejar de manifiesto el loable esfuerzo de apoyo y rehabilitación que hacen con los internos.
Como bien lo señaló, la abogada María Alicia Salinero, encargada del proyecto piloto penitenciario que la Defensoría lleva a cabo en la IV región, en Magallanes, por las buenas relaciones que se dan entre los intervinientes del proceso penal y los organismos auxiliares, además de las organizaciones e instituciones no gubernamentales, es posible avanzar más que en otros lugares del país, en el respeto de los derechos de las personas recluidas.
Sin embargo, creo justo que se deban sincerar y superar algunas contradicciones latentes a nivel de sociedad al momento de abordar la rehabilitación de los presos.
Por un lado tenemos que en Punta Arenas, casi un 50 por ciento de los 272 internos condenados asiste a la escuela que funciona al interior del Complejo Penitenciario de Punta Arenas, lo cual es alentador. En oposición a lo anterior, cerca de un 25 por ciento de los internos no recibe visitas de familiares o amistades, ya sea porque sus parientes viven en otras regiones o el total abandono en que se encuentran. Cuesta creer que en condiciones de aislamiento social y afectivo una persona recluida se pregunte siquiera en rehabilitarse.
En el mismo orden, pero a nivel estatal, si bien históricamente el discurso ha sido tender puentes hacia las personas que se rehabilitan, llamando a la empresa privada a contratarlos, sin embargo, este mismo Estado impide por ley que quienes han sido condenados por crimen, falta o simple delito puedan ingresar al servicio público: ¿discriminación legal contra ex convictos? ¿Nos creemos de verdad como Estado eso de reinsertarlos a la sociedad?
En resumen, los esfuerzos rehabilitadores serán en vano, si la sociedad entera no se compromete para apoyar decididamente a quienes por diferentes circunstancias han caído en la delincuencia y luchan diariamente por rehabilitarse y reinsertarse en nuestras comunidades.
Juan Vivar Uribe