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Defensor Penal Público Regional de Magallanes y la Antártica Chilena

Perfil

Juan Vivar Uribe

Abogado titulado en la Universidad de Chile, en su trayectoria profesional se ha desempeñado como abogado del Departamento Pastoral de Derechos Humanos del Obispado de Punta Arenas.

Ejerció como abogado asesor del Sindicato de Trabajadores ENAP-Magallanes. También cumplió funciones como abogado de la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas y del Banco del Estado, ambas sedes de Punta Arenas.

Fue Secretario Ejecutivo del Consejo Regional para el Control de Estupefacientes CONACE XIIª Región. Desde 1990, hasta el mes de febrero de 2002, se desempeñó como Secretario Regional Ministerial de Justicia de la XII ª Región.

Fue Director de la Honorable Junta Directiva de la Universidad de Magallanes y actualmente ejerce como docente en la cátedra de Derecho Penal de esa casa de estudios.

Es nombrado Defensor Regional de la Defensoría Penal Pública de la Región de Magallanes y Antártica Chilena para el periodo 2002-2007, luego de lo cual postula a dirigir la Defensoría magallánica por un nuevo periodo siendo nombrado en el cargo por el periodo 2008-2012.

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El tiempo pasado fue mejor

Publicado: viernes, 31 de julio de 2009 - 21:46 hrs.

Hay ocasiones que un dejo de chovinismo insular pareciera caracterizarnos a los magallánicos, nos alzamos por sobre el resto de las comunidades no sólo por la belleza de nuestros paisajes naturales -los más bellos del planeta, decimos- o los urbanos hermosas ciudades, calidad humana, gente buena, educada y acogedora de nuestra sociedad segura y solidaria.

En suma, la Región, sería un verdadero paraíso, pero algo ha cambiado “Magallanes no es el mismo”, reflexionamos, agregando que “el pasado reciente era mejor, se vivía de manera más segura sin esta lacra de delincuencia que nos carcome”.

Lo anterior, a mi entender, depende del cristal con que se mire, ya que como dice el adagio popular “a veces las cosas por sabidas se callan y por calladas se olvidan” porque ¿a qué pasado nos estamos refiriendo cuando hablamos de que antes no había delincuencia o se vivía más seguro?, si mal no recuerdo la amenaza e inseguridad con que vivíamos muchos en los años posteriores al golpe militar era de temer con una delincuencia de Estado organizada e institucionalizada en agrupaciones secretas financiadas con el erario fiscal cuyo único fin era intimidar, detener, torturar, matar, hacer desaparecer a compatriotas quienes eran conculcados en sus derechos a expensas de un sistema judicial ciego y sordo a los recursos de amparo que presentaban los abogados a favor de los detenidos ( hoy serían imputados) pero bien lo dijo Marco Tulio Cicerón: “Cuando hablan las armas las leyes callan”.

En mi calidad de abogado de Derechos Humanos de la Vicaría de la Solidaridad me tocó defender en Consejos de Guerra de los Tribunales Militares en el Regimiento Pudeto a jóvenes y adultos, hombres y mujeres que por el sólo hecho de pensar distinto fueron acusados y condenados a penas del infierno, ¿a cuántos de ellos no se les pidió la pena de muerte sin más prueba que confesiones sacadas bajo tortura?, con tales tribunales arbitrarios a los más que aspiraba un defensor era a salvarles la vida.

¿Qué seguridad había por esos años si inclusive se llegó a atentar con bombas y semi destruir una Iglesia Católica? ¿Cuál era esa tranquila sociedad magallánica? Recordemos, Fátima.


De manera tal que si en los años 70 y 80 teníamos una sociedad segura creo, sinceramente, que no, al igual que yo y mi familia, muchos magallánicos vivieron amenazados de muerte, teniendo que modificar sus rutinas y temiendo por una detención arbitraria, extrañamiento, exilio o una desaparición forzada ya sea de uno mismo o de sus familiares.


Por suerte, hoy tenemos tribunales independientes, existe un debido proceso y si se detiene a una persona aunque sea un delito gravísimo, simples daños o amenazas, en un plazo de 24 horas deberá ser presentada ante el tribunal quien verificará que la detención se produjo conforme a la ley y se respetaron sus derechos humanos, a diferencia de lo que ocurría hasta antes de la Reforma Procesal Penal en que si alguien era detenido un viernes debía pasar hasta el lunes al tribunal, es decir un largo e inolvidable fin de semana de calabozo y cárcel.

Quizás si en los años veinte, cuarenta, cincuenta o sesenta teníamos menos delincuencia, éramos por cierto menos habitantes, lamentablemente, no lo sabremos no tenemos datos estadísticos fidedignos que lo confirmen y no sé si por ahí viva un Ovejero tipo Funes el memorioso (como el cuento de Borges) que pueda tener registrado la cantidad de hechos delictuales en Magallanes, por esos años.

Recién en la segunda mitad de los años 90, con el retorno de la Democracia, se plantea la necesidad de tener una herramienta de recolección de información estadística para comparar y analizar con una metodología científica el fenómeno delincuencial años tras año y la forma de enfrentarlo.

Es por ello, que cuestiono cuando, majaderamente, me quieren hacer creer en una sociedad segura de antaño, es que no puedo dejar de pensar en los años 70 u 80, en que ¡por favor!, la única seguridad que recuerdo es la nefasta Doctrina de Seguridad Nacional y ésta no era más que una delincuencia de gafas oscuras, corbata y abrigo negro propio de la CNI y otras agrupaciones de triste recuerdo, por lo menos eso fue lo me tocó vivir.
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